Fidel Sebastián Mediavilla
Puntuación, humanismo e imprenta en el Siglo de Oro
Contra lo que se podría pensar, durante los primeros tiempos de la imprenta, los estampadores —y buena parte de sus clientes— sintieron un cierto complejo de inferioridad frente al trabajo que habían realizado, y todavía realizaban, los escribas: el manuscrito encuadernado en códice, obra única y, en ocasiones, dotada de una gran perfección formal. Se entiende por esto —y, además, porque no contaban con otro modelo— que los primeros impresores intentaran reproducir en sus libros, en la medida de lo posible, el aspecto de los códices. Entre los componentes que se intenta imitar destacan el tipo de letra y el sistema de puntuación.