Estudios épicos comparados

Ioannis KIORIDIS
Estudios épicos comparados.
Poesía heroica medieval: el Cantar de mio Cid y el Digenis Akritis, 
Editorial Académica Española,
Saarbrücken, AV Akademikerverlag GmbH & Co. KG, 2012, 104 pp.
ISBN 978-3-659-03983-6

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Reseña de Alfonso Boix Jovaní
Valencia

El volumen que ocupa este análisis crítico se abre con un «Prólogo» (págs. 3-4), donde figuran los objetivos de la obra, esto es, un estudio comparativo entre el Cantar de Mio Cid (CMC, en adelante) y el Digenis Akritis bizantino (DA, en adelante). El presente estudio se centra en los personajes, ciudades e itinerarios que figuran en ambas obras, así como en los hechos históricos en que se basan o reflejan. Para ello, desarrolla un amplio análisis que abarca las más variadas características de todos los puntos estudiados, como se podrá observar en el resumen detallado que se presentará a continuación. Todo ello permite ofrecer una amplia perspectiva sobre las semejanzas y disparidades existentes entre ambas obras, lo cual, a su vez, se apoya en un importante aparato bibliográfico que no sólo sirve de sustento a las ideas expresadas por el autor, sino que sirve de útil referencia al lector que desee ahondar en un determinado aspecto. De todo ello se desprende que, en efecto, existen múltiples semejanzas entre el CMC y el DA, pero que, a su vez, mantienen las características propias que les hacen representativos de las culturas en que fueron creados.

La «Introducción» se divide en dos grandes secciones, dedicadas independientemente a cada uno de los poemas que centran el estudio. La primera, «El Cantar de Mio Cid y la épica medieval española», se abre con el apartado «El manuscrito del Cantar», donde se ofrece información general sobre el manuscrito único del CMC, tal como su datación o características paleográficas. A todo ello sigue «La primera redacción y sus fuentes», con un repaso de las diversas fechas sugeridas para datar el poema primigenio y una revisión de la problemática en torno a la autoría única o múltiple. Con respecto a las fuentes, se indica la presencia tanto de elementos orales (cantos noticieros) como escritos, siendo comentada muy brevemente la influencia de las chansons de geste francesas sobre el poema defendida por Smith, y la opinión de Duggan, para quien los rasgos comunes entre la épica francesa y española se explican por poligénesis.

A continuación, «La épica medieval española y el marco histórico» sitúa al CMC dentro de la «épica de frontera», siguiendo el análisis de Montaner. Este mismo apartado señala que el CMC abarca los últimos años de vida del Campeador, advirtiendo la presencia de elementos históricos que interesan al poeta, y que situarían al texto en torno al siglo XII y principios del XIII –refiriéndose, de nuevo, a la datación–, pero sin señalar cuáles son dichos elementos. Del mismo modo, el Dr. Kioridis no especifica cuál es el trabajo que, según advierte, él mismo dedicó al uso que dio el poeta a esta materia histórica. Finalmente, «Estructura, unidad y argumento» indica la división estructural trimembre en cantares frente a la narración bimembre, para acabar ofreciendo un resumen de la trama del poema.

Finalizado este primer apartado dedicado al CMC, se observa ya claramente que este trabajo no está actualizado, principalmente en lo que a datación y estructura del poema se refiere. Así, se hace referencia muy someramente a que «tenemos fechas posibles que oscilan entre 1120, o sea, dos décadas después de la muerte del héroe, hasta principios del s. XIII» (pág. 8), y una nota al pie remite a un importante aparato bibliográfico acerca de la datación del poema, donde se echa de menos la última edición del CMC llevada a cabo por Montaner (2011). Con respecto a la estructura, Boix ha señalado recientemente la correspondencia de los tres cantares del CMC con las tres narraciones del poema castellano, pues identifica una tercera trama, cuyos protagonistas serían los infantes de Carrión, junto a las dos ya conocidas que tienen por eje central al Campeador (El Cantar de Mio Cid: adscripción genérica y estructura tripartita, Vigo, Academia del Hispanismo, 2012, págs. 143-149); sin embargo, el Dr. Kioridis no incluye tal información, y remite a las clásicas descripciones estructurales de tres cantares para una trama bipartita. Esto resulta sorprendente al observar que, de hecho, el trabajo de Boix figura en la bibliografía.

Tras el CMC, le llega el turno a la sección dedicada al poema bizantino, titulada «Digenis Akritis (Ms. de El Escorial) y la épica bizantina». Se inicia, siguiendo el esquema ya visto para el CMC, con una perspectiva sobre el manuscrito E del DA, sobre el que se basa este estudio, así como las circunstancias de su hallazgo, ediciones, traducciones principales y datación, en torno al siglo XV o principios de XVI. La revisión del resto de los manuscritos se desarrolla en «El original y sus fuentes. Los otros manuscritos del DA», donde se ofrece una rápida perspectiva de los cinco testimonios principales del poema bizantino, basados en un original perdido datado a principios del siglo XII, sobre el que se indican las teorías sobre su autoría –única o múltiple, pero sin duda no correspondiente a alguien culto–, y lugar de composición –Constantinopla o Capadocia–. Sus fuentes son tanto orales como escritas, quedando estas últimas divididas entre las que son literarias y las que no, incluyendo en este último grupo a crónicas e historiografías (pág. 23), lo cual supone una arriesgada clasificación, pues la información histórica que aportan estos textos no descarta su carácter literario. Tras ello, el estudio repasa brevemente cómo el poeta combinó sus fuentes.

«La épica bizantina y su marco histórico» analiza la adscripción genérica del DA, el cual quedaría integrado en la épica de frontera, al igual que sucedía con el CMC (pág. 25). La trama del texto no representa la época en que fue copiado, pues describe el mundo del siglo X, lo cual lleva hasta «Estructura, unidad y argumento», donde se muestra la problemática estructural del texto, pues la crítica se divide entre quienes opinan que posee unidad o carece de ella. Finalmente, se ofrece un resumen del argumento del poema.

La segunda parte de este volumen, «Estudios comparados», constituye el verdadero núcleo de la obra, dividido a su vez en cuatro apartados. El primero de ellos, «Identificaciones e historicidad de los personajes en el CMC y el Digenis Akritis (Ms. de El Escorial)», se divide en dos secciones. La primera, titulada «Los personajes y sus identificaciones», presenta dos clasificaciones para los personajes del CMC y el DA, que se dividen en aquellos cuya identificación es indudable, los de identificación discutible, y, por fin, los de identificación imposible. La siguiente sección, titulada «La historicidad de los personajes», observa, tras una breve referencia a la raza, credo y sexo de los personajes, que el protagonismo del DA recae en Digenis y Maximou, personajes ficticios, frente a la historicidad de los personajes musulmanes. Con respecto al CMC, el autor manifiesta su desacuerdo con la lectura historicista del poema (págs. 33-34) y, uniéndose a la crítica actual, considera que los personajes son ante todo literarios, por lo que intentará comparar el Cid histórico con el que ofrece el CMC, analizando su representación verosímil. Figuran seguidamente dos nuevas clasificaciones: con respecto al Cid, los personajes se dividen entre los directamente relacionados con el héroe, los que no tenían la relación que el poema les atribuye con Rodrigo Díaz, y aquellos que son anacrónicos; en el caso del DA, puesto que el héroe es ficticio, los personajes se clasifican en relación con sus épocas, quedando repartidos entre héroes prebizantinos (siglos I y II a. C.) y personajes «cuyos originales» (sic, pág. 34) se encuentran desde el siglo VII al XII. Tras advertir que hay unos cuarenta personajes en el CMC, el estudio nos lleva al análisis de las fuentes en las que se inspiran los diversos personajes del CMC, tanto populares como escritas, mientras que el DA aprovecha la tradición histórica popular de Asia menor y de la frontera entre Bizancio y el mundo árabe, de ahí que el autor se incline por el uso de fuentes orales, considerando imposible la influencia de fuentes escritas.

El siguiente apartado, titulado «La presencia y el papel de los hechos históricos en el CMC y en el DA (Ms. de El Escorial)», compara al CMC y al DA con el material histórico en el que se basan. Así, el CMC abarca fundamentalmente el período que va desde el primer destierro del Cid (1081) hasta su muerte (1099), mientras que el DA refleja la situación histórica de los siglos IX al XI. Los acontecimientos narrados quedan clasificados de manera distinta en cada poema, quedando repartidos en el CMC entre los hechos reales descritos con fidelidad, los claramente literaturizados y los ficticios, mientras que en el DA figuran hechos del pasado histórico, del presente poético y ficticios.

Indica el autor que la crítica se divide entre los autores que defienden que la narración del CMC evoluciona de lo real a lo ficticio y los que observan una combinación de hechos históricos y ficticios en la trama, entre los cuales se sitúa el Dr. Kioridis. Por ejemplo, el destierro poético es el resultado de la combinación de los dos destierros que el Cid sufrió bajo el reinado de Alfonso VI, la derrota del conde de Barcelona constituye la fusión de las dos derrotas que Berenguer Ramón sufrió ante el Campeador, y las victorias del Cid en el Levante no siguen el orden histórico, sino uno acorde a la narración poética. Hechos como estos se combinan con aventuras ficticias, como los asedios de Castejón y Alcocer, o las dobles bodas de Elvira y Sol, que, como bien se indica, resultan de la combinación de unos primeros esponsales ficticios con otros inspirados en hechos históricos (las bodas finales).

En el DA, según el análisis del Dr. Kioridis, sí existe una evolución de lo histórico a lo fantástico. El poema bizantino puede dividirse en dos secciones: el Canto del emir, con más referencias históricas, y el resto de la obra, progresivamente más fantástica. En el caso del manuscrito E, la trama carece de las luchas de Digenis con los sarracenos, y se construye principalmente sobre los recuerdos del héroe, que tienen por objeto, más que al protagonista, a los personajes que se relacionaron con él. Sin embargo, en este apartado se crea cierta confusión, al afirmarse que el DA narra los combates de Digenis con los apelates, sin especificar si se trata de recuerdos o de combates reales. Por otro lado, se hace feliz referencia a algunos aspectos maravillosos de la trama que prueban la novelización de la misma. Así, el poeta del DA combina los diversos elementos de manera que los hechos ficticios resulten verosímiles, de ahí que el CMC no sea, por ello, más verosímil que el texto bizantino, pues tampoco tiene excesivos elementos históricos, y los puntos fundamentales de su trama son ficticios. Todo ello, por supuesto, y como bien advierte el autor, depende también del público, para quien unos hechos serían más creíbles que otros.

El apartado siguiente, «Ciudades e itinerarios en el Cantar de Mío Cid y en el Digenis Akritis (ms. de El Escorial)», se divide en dos subapartados, «Las ciudades en el CMC y en el Digenis Akritis E» y «Rutas e itinerarios en el CMC y en el DA». El primero de ellos se abre indicando que existen más de setenta referencias a topónimos en el CMC, y que llegan a la veintena en el DA, lo cual no se debe al número de versos del CMC –que casi dobla al DA–, sino a la importancia de la geografía para el poeta castellano. Sin embargo, la identificación de algunos lugares en el CMC resulta difícil en ocasiones, lo cual puede deberse a razones varias, como las imprecisiones del material existente o la desaparición de topónimos por el paso del tiempo. Según expone el Dr. Kioridis, el escenario donde sucede la acción es bastante limitado: Valencia, Levante y el valle del Jalón en el CMC. En realidad, las localidades que se citan no siempre tuvieron un papel importante en la vida del Cid, pero contribuyen a hacer veraz la narración, además de que se utilizan siempre de acuerdo con las necesidades argumentales, lo cual sucede también en el caso del DA, que localiza su acción fundamentalmente en la frontera del Éufrates entre bizantinos y árabes, y donde unas pocas localidades son escenario directo de la acción. En este poema sólo destaca Raqqah por ser la patria del emir y también la única donde los habitantes participan en la trama, frente al caso del CMC, donde hay muchas más ciudades cuyos moradores participan en la acción. El estudio de las «Rutas e itinerarios en el CMC y en el DA» se apoya en la bibliografía existente y la clasificación de Criado del Val para el análisis del CMC, mientras que la carencia de bibliografía dedicada a este aspecto del poema bizantino obliga al autor a apoyarse en su propia investigación. Para el CMC, el papel principal corre a cargo de las calzadas, especialmente las que conformaban los ejes Mérida – Zaragoza y Burgos – Castejón, aunque también existen otros caminos menores citados en el poema. Los itinerarios no se corresponden con los históricos, como sucede en el caso de la ausencia del viaje del Cid a la corte de los Banû Hûd zaragozanos, o en el de los trayectos, absurdos para el lector actual, si bien pueden explicarse por su función en la trama o la ignorancia del poeta.

Si el CMC es casi una guía de caminos y rutas, no sucede lo mismo con la versión del DA en el manuscrito E, donde las indicaciones al respecto son mucho menores. Se concentran en trayectos desarrollados en torno al eje Siria – Romania (el imperio bizantino), un viaje desde Raqqah a Bagdad, unos trayectos asociados al rapto de la hija de un general bizantino, y varios viajes a Jalkopetra, mientras que el resto de la acción queda asociado a la frontera del Éufrates. Para el Dr. Kioridis, la falta de base histórica general hace innecesario observar la correspondencia de los itinerarios descritos en el poema con los históricos. Finalmente, se indica que la descripción de los trayectos y sus duraciones es mucho más precisa en el CMC que en el DA, y remite a los mapas 3 y 5 del apéndice que incluye el volumen para comprobarlo.

El último capítulo del estudio, «El llanto ante las doncellas masacradas en el poema épico bizantino de Digenis Akritis», describe un episodio situado al principio del DA en la que unos hermanos van a buscar a su hermana, raptada por el emir, y, en sus pesquisas, hallan a unas jóvenes masacradas, entre las cuales creen que se halla su hermana –la futura madre del héroe-. Tras ello, se procede a un análisis estructural, comparando las diversas versiones que ofrecen los manuscritos principales del DA, sin incluir una sola referencia al CMC, lo que no justifica su presencia en un estudio comparativo de ambas obras. Finalmente, el «Epílogo» es en realidad un estado de la cuestión que incluye una revisión de la bibliografía fundamental sobre ambas obras, a la que acompañan unas breves reflexiones sobre el interés y los estudios en torno al DA en España y al CMC en Grecia, asunto que habitualmente se halla al principio de un trabajo científico, quedando ausentes unas conclusiones tal y como se entienden habitualmente, basadas en los resultados de los análisis que componen este volumen, que finaliza con una nutrida «Bibliografía general» y un útil «Apéndice de mapas».

Pese al evidente interés que tiene una obra de este tipo, diversas carencias lastran el pleno desarrollo de todo su potencial. Fundamentalmente, se trata de su organización estructural, por un lado, y de la ausencia de argumentaciones, de pruebas que permitan ratificar los planteamientos ofrecidos, por otro. El problema de la organización estructural radica en cómo se desarrollan las argumentaciones, que cambian de manera que, en cuanto se hace referencia a un rasgo de una obra, se analiza a continuación el mismo aspecto en la otra. Estos cambios se producen muy a menudo, en ocasiones incluso casi a cada párrafo, creando una cierta confusión incluso al propio autor, que parece olvidar en algunos momentos el orden que sigue. Así sucede al inicio de «La primera redacción y sus fuentes» del CMC, donde se hace referencia a la datación de 1140 establecida por Menéndez Pidal y a la de 1180 de Russell. Extrañamente, se indica inmediatamente que Menéndez Pidal llegó a la conclusión de que los autores del CMC eran un poeta de San Esteban de Gormaz y otro de Medinaceli, un tema éste, el de la autoría, que interrumpe el tema que se estaba tratando aquí, y que obliga a retomar, en un párrafo (pág. 8), las dataciones principales del CMC para, tras ello, regresar de nuevo a la problemática de la autoría única o múltiple, sobre cuyas diversas teorías y atribuciones se dedican cerca de dos páginas.

Otro caso se observa tras presentar la clasificación referida a los hechos históricos y ficticios en ambas obras –primero en el CMC y luego en el DA, sin prácticamente separación entre ellas, ni explicaciones, por lo que se convierten en meras enumeraciones–. El autor quiere tratar «los hechos narrados y la posición que ocupan en las dos obras» (pág. 38), presentando, en primer lugar, las dos posturas de la crítica al respecto y, a continuación, afirmando que el DA desarrolla una tendencia de lo histórico a lo ficticio, tras lo cual se retoma la argumentación sobre el CMC, donde se advierte que el CMC se basa en una combinación de hechos históricos y ficticios. Esta falta de una disposición interna suficientemente clara se refuerza, a su vez, por la reiteración de ideas que, de tanto en tanto, salpica el texto. Sirva como mero ejemplo la triple referencia a que el material histórico del CMC se centra en el período que transcurre desde el primer destierro del Cid en 1081 hasta su muerte en 1099 (págs. 14, 37 y 44), o que en dos ocasiones (págs. 22 y 23) se indique que el DA se redactó a principios del siglo XII.

Por otro lado, como se ha indicado ya, existe una importante carencia de argumentaciones o justificaciones. No sería justo olvidar que, en determinadas ocasiones, sí se intenta justificar o razonar alguna que otra postura, como sucede en la referencia a Beck (pág. 35) que sirve de apoyo al uso de fuentes orales populares, o, como se ha señalado ya, la breve referencia a algunos aspectos maravillosos del DA para demostrar la novelización del poema (pág. 43), al igual que la explicación de los diversos niveles de historicidad en cada parte del DA (pág. 44). Pero, por lo general, la mayoría de las afirmaciones que se hacen a lo largo de la obra reciben su apoyo por medio de notas al pie, donde casos como el de la nota 67 –que sirve para demostrar que el número de cristianos del CMC es superior al de moros y judíos, haciendo referencia a los cálculos establecidos por diversos autores– son más la excepción que la regla. Por lo general, se trata de listados con referencias a los autores que han tratado tal o cual asunto, meras enumeraciones que impiden saber en qué modo los autores citados refrendan las ideas que ofrece el libro aquí analizado o si, por contra, se oponen a ellas. Una comparación de este tipo, un cotejo de posturas, sería más que interesante en diversas ocasiones, como sucede al afirmarse que el poeta del CMC «sobrevalora» Alcocer frente a Valencia (pág. 52), opinión que parece no tener en cuenta la de Montaner (en su edición del CMC, 1993: 503; 2007: 461), quien explica cómo

más que las habilidades guerreras del Campeador, interesa resaltar [en la conquista de Valencia] su capacidad de convocatoria (vv. 1197-1200 y 1267), así como la importancia del botín conseguido (vv. 1210-1220), marcada por la reiteración de la fórmula ponderativa «¿quién vos lo podrié contar?» (v. 1214), «¿quién los podrié contar?» (v. 1218). En todo caso, y desde la perspectiva militar, el segundo hemistiquio del verso 1204, «que non ý avía art», establece la diferencia con la toma de las otras dos plazas aludidas [Castejón y Alcocer], que se realiza, justamente, gracias a estratagemas, por lo reducido del ejército cidiano.

lo cual supone una alternativa a la lectura que el Dr. Kioridis realiza de la función de Alcocer en el poema cidiano.

Aparte de estas enumeraciones en notas al pie, como ya he advertido, la mayoría de justificaciones son, aparte de breves, excepcionales frente a los casos en los que no se argumentan las ideas y opiniones presentadas en este volumen, lo cual las deja sin su completo desarrollo. Tal sucede con la referencia a los kasisos para indicar la presencia de elementos históricos en el Canto del emir (pág. 42), o la cristianización del emir y de territorios bizantinos, que son «una insinuación obvia de sucesos concretos del siglo X, confirmados por cronistas bizantinos y árabes» (pág. 42). Por desgracia, no hay referencia específica a dichos cronistas, ni a cuáles fueron esos «sucesos concretos del siglo X». Del mismo modo, habría sido útil una explicación plausible que sustentase por qué «carece de importancia fundamental el intento de recreación del [DA] original» (pág. 24), idea que merecería ser contrastada seriamente por la importancia que tendría el contar con la obra original o un texto muy semejante al mismo, lo cual arrojaría luz sobre el proceso de composición, transmisión y recepción del canto épico. También merecería un tratamiento más detallado la afirmación según la cual el autor del CMC «desea presentar la reconciliación [entre Cid y rey] como el resultado y la consecuencia de la conquista de Valencia» (pág. 39), cuando, en realidad, el Cid se va ganando la confianza del rey ya desde mucho antes, mediante los regalos que le envía por medio de Minaya Álvar Fáñez. En absoluto significa esto que éstas y el resto de afirmaciones que contiene el libro carezcan de base, pero la ausencia de la correspondiente justificación en el texto hace que las ideas presentadas no sólo parezcan frágiles, sino potencialmente gratuitas, teniendo la palabra del autor como único apoyo.

Estas carencias resultan especialmente serias en las clasificaciones que aparecen de manera recurrente a lo largo del volumen. En las págs. 30-31 figuran las clasificaciones de los personajes del CMC y el DA, divididos, como ya he indicado, entre aquellos cuya identificación es indudable, discutible o imposible. Aunque sin duda existen razones para establecer esta clasificación, no queda justificada ni se profundiza en ella, y, si bien es cierto que se hace referencia concreta a algunos personajes, como es el caso del Cid (entre los personajes cuya identificación es indudable) o el abad Sancho (dentro de los personajes de identificación imposible), en otros casos simplemente se hace referencia a «tres jueces de las cortes de Toledo» (entre aquellos de identificación indudable) o a «algunos de los soldados y enemigos del héroe» (de identificación discutible), sin concretar de quiénes se trata, lo cual impide saber las razones que permite incluirlos en uno u otro grupo, además de que cabría esperar una explicación que justificase la clasificación de algunos personajes, como la de Jimena entre los personajes de identificación discutible, lo cual resulta muy sorprendente. Lo mismo puede aplicarse no ya a la clasificación análoga del DA, sino también a las clasificaciones presentes en este libro. Dos de ellas –las referidas a la historicidad de los personajes (pág. 34) y a los itinerarios de ambos poemas épicos (págs. 54-56)– tienen como único respaldo el haber sido establecidas por autoridades como Ubieto Arteta, Criado del Val o Alexiou, si bien no se indican los criterios que siguieron estos eruditos para establecerlas. Otras dos clasificaciones, que se ocupan de los hechos históricos o ficticios (pág. 38) y al papel que cumplen las ciudades en los poemas, no cuentan con apoyo alguno, lo que no quiere decir que no sean correctas, sino que no se exponen sus fundamentos. Todas ellas se resuelven con una vaguedad similar a la descrita para la clasificación dedicada a la identificación de los personajes, por lo que la ausencia de un desarrollo más profundo de cada una de ellas impide refrendar su validez, acierto y utilidad. Esta constante explica, a su vez, que se echen en falta las citas de ciertos apoyos textuales propios de todo estudio sobre esta materia: tal es el caso del CMC en sí mismo, del cual apenas se citan versos (únicamente los vv. 3731-3733 en la pág. 9), o la carencia casi total de citas del DA, lo cual, junto con otras ausencias –como la de la Historia Roderici, cuyo papel como fuente del CMC es bien conocido por la crítica– hace que el volumen contenga importantes lagunas tanto en su contenido como en sus planteamientos.

El último capítulo del estudio, «El llanto ante las doncellas masacradas en el poema épico bizantino de Digenis Akritis», ejemplifica perfectamente lo que sucede en el resto del libro: el volumen aquí reseñado es una compilación de trabajos anteriormente publicados, a los que el autor hace referencia en notas al pie al inicio de cada apartado, indicando que han sido actualizados, si bien las modificaciones detectadas por el presente reseñador son todas de índole estilística o secundaria.

Como puede advertirse, el presente volumen aborda un asunto de indudable interés: el de comparar dos manifestaciones señeras de la épica de frontera, como son el DA y el CMC. A lo largo de sus páginas, se ofrecen apuntes de interés sobre muchos posibles puntos de comparación, si bien hay otros, como la actitud hacia los adversarios de un lado u otro de la frontera, que no llegan a tratarse. No obstante, los principales problemas de los que adolece el volumen son dos: primeramente, su elaboración a partir de trabajos preexistentes que, a mi juicio, no han sido suficientemente reelaborados ni actualizados como para ofrecer una visión de conjunto superior a la suma de sus partes; en segundo lugar, la falta de desarrollo de muchas observaciones, cuya demostración detallada habría permitido arrojar mayor luz sobre los puntos de contacto, aunque también sobre las discrepancias, entre los dos poemas épicos analizados. En ese sentido, muchas de las ideas que presenta podrían tomarse como punto de partida para estudios posteriores que completen los aspectos que este trabajo no cubre. Posiblemente, esa perspectiva debería de haberse considerado al concebir este proyecto, aprovechando así la ocasión para cubrir las carencias ya presentes en aquellos trabajos que han sido el punto de partida de la obra reseñada e incluyendo, además, otros aspectos fundamentales que enriquecerían el volumen y ampliarían el alcance de los trabajos en que se basa, como podría ser una comparación entre las características fundamentales del personaje del Cid como héroe mesurado y los rasgos heroicos del héroe bizantino. Ya que no ha sido así, puede esperarse, a cambio, que las sugerencias que llenan esta reseña, todas ellas resultado de la atenta y respetuosa lectura de este trabajo, sirvan al desarrollo de futuros estudios que lleven a su culminación la línea aquí establecida, permitiendo así profundizar y avanzar en unos análisis literarios tan atractivos como los que motivaron estos Estudios épicos comparados.

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